*** Y EL CENSO DE 2012 MUESTRA QUE SOMOS MÁS DE UN MILLÓN Y MEDIO DE MAPUCHE, SOMOS UN PUEBLO VIVO, SOMOS LOS HIJOS DE LOS QUE NO PUDISTEIS MATAR ***

sábado, 1 de octubre de 2011

Camila Vallejo y Natividad Llanquileo , el cara y sello para el futuro

 
Mucho se ha hablado de las similitudes, de las diferencias y por sobre todo, del surgimiento en la esfera pública de dos jóvenes que han sido capaces de convocar a los chilenos a la movilización y a que el estado chileno de alguna manera las vea como los "referentes peligrosos" de la denuncia y de la lucha por las demandas que en este último tiempo han derivado en decenas de marchas a nivel nacional.
Son ellas Camila Vallejo Dowling, presidenta de la FECH y Natividad Llanquileo Pilquimán, Vocera de los Presos Políticos Mapuche. Ambas se han destacado entre los demás jóvenes y notablemente han ido transformándose como notables líderes en sus respectivos medios de acción, lo que se ha traducido en miles de seguidores que además de admirar en forma lúdica su belleza, también son capaces de alinearse tras ellas en las convocatorias que han realizado en el último tiempo.
 Pero al hacer un análisis más acabado de sus irrupciones al acontecer político y social, podemos ver que ellas poseen su "cara y sello" propios. Hay numerosas diferencias entre ambas en cómo abordan, plantean y desarrollan su liderazgo en medio de las convulsionadas sesiones de presidencia, ministerios y congresistas que han tenido que dedicar parte de su tiempo a este fenómeno "insurreccional" de demandas que tienen en Camila y Natividad como  principales estandartes.
El vespertino La Segunda hacía un análisis de los perfiles de ellas y señalaba claramente una diferencia entre ambas:"Camila Vallejos estudia Geografía en la Universidad de Chile, es bastante representativa de un alumno promedio de una universidad competitiva del Consejo de Rectores (CRUCH). Proviene de una familia de clase media, estudió en un colegio particular subvencionado con financiamiento compartido (fines de lucro) y de nivel socioeconómico alto (la mayoría de los padres tienen educación superior completa) y que, por ende, arroja buenos resultados. Su colegio sacó 305 en el SIMCE (55 sobre la media nacional), casi 600 en la PSU (100 sobre el promedio nacional) y 41% de los alumnos lograron la certificación de inglés (comparado con 11% promedio en el país).
Natividad Llanquileo estudia Derecho en la Universidad Bolivariana, y también es bastante representativa de un alumno promedio de una institución privada de baja selectividad. Proviene de una familia de bajos ingresos; creció en Tirúa, en la VIII Región, y es hija de un campesino y una artesana mapuche. Es la primera persona en su familia que estudia en la educación superior. Asistía a un liceo municipal de nivel socioeconómico bajo y de bajo rendimiento; casi dos tercios de los apoderados no han terminado la básica, lo cual ayuda a explicar sus lapidarios resultados. Su liceo sacó 225 en el SIMCE (80 menos que el colegio de Camila), 450 en la PSU (150 menos que el colegio de Camila) y sólo 1% de los alumnos lograron la certificación de inglés".
De ambas, sin duda que Natividad Llanquileo debería ser la que lleva una ventaja en el manejo político comunicacional. Ella ha sido la responsable de poner el tema mapuche en la palestra y centro del debate nacional. Ella asume tímidamente la vocería de casi dos decenas de comuneros mapuche en huelga de hambre en el año 2010, y rápidamente sorprende al Gobierno por sus habilidades para negociar y comunicar las demandas de los huelguistas a la ciudadanía. Ella debe trasladarse cientos de kilómetros desde su casa en la octava región para asistir a sus clases universitarias, participación en reuniones , foros, marchas, etc. y siempre se le puede ver con su palabra fuerte precisa, con "sello" mapuche que ha dejado sorprendidos a periodistas y políticos que han compartido con ella algún debate o conversación.
Por su parte Camila Vallejos, presidenta de la FECH, ha demostrado capacidad para articular propuestas, movilizar estudiantes y presionar a los actores políticos para reaccionar a las demandas estudiantiles. En torno a ella giran las últimas y masivas movilizaciones de estudiantes y profesores, a las que se sumó la CUT con el paro de dos días reciente y donde los actores principales no fueron los "trabajadores", sino los miles de estudiantes, con sus profesores y apoderados.
Sabido son las amenazas que ha recibido Camila Vallejos con llamadas telefónicas, a través de redes sociales y seguimientos que han alterado su diario vivir y movimiento en la ciudad. La justicia acogió los recursos de amparo y protección para velar por su integridad y su seguridad, brindándole la policía una protección especial y su núcleo más cercano la blinda con su acompañamiento en cada actividad que realiza.
Natividad Llanquileo por su parte, ha sufrido la discriminación y persecución de todo el aparataje estatal, su casa allanada, la tierra familiar usurpada, sus teléfonos intervenidos, sus hermanos encarcelados y uno de ellos condenado bajo la Ley antiterrorista. Para ella no hay protección policial ni tampoco se traslada por las calles con un ejército de weichafes como se pensaría. Su bajo perfil, su humildad y sencillez acompañada de la extensa labor que mantiene en la vocería de los presos políticos mapuche, no le da el tiempo para permitirse esos trámites jurídicos que de todas formas de seguro sería rechazado para ella.
Lo que sí es preciso destacar, es que ambas pertenecen a una generación que se encamina al futuro de este país. De la nación chilena de Camila y de la nación mapuche de Natividad. Ambas tienen una representatividad que cualquier político quisiera para sí, inclusive pienso que muchos de ellos quisieran alejarlas de sus actividades, pero la fuerza que ellas poseen y la decidida acción que desarrollan, dista mucho de "devolverlas al anonimato".
El corazón de Camila y el piuke de Natividad palpitan casi de la misma manera en cada jornada donde ellas participan y se entregan a luchar por sus demandas. Y ambas con su "cara" limpia, joven y llena de coraje, le imponen su "sello" propio que las identifica en forma especial. Eso, independientemente de la cobertura que los medios de comunicación le brindan a cada una, el que sin duda dista mucho de ser objetivo, imparcial y cubiertos de la misma manera. Solo basta analizar los periódicos y diarios del último año y nos daremos cuenta que los titulares y portadas han sido generosas con lo desarrollado por el movimiento estudiantil, con amplia cobertura, fotografías y extensos artículos referentes al tema.
En contraparte, con las demandas del pueblo mapuche, con lo que representa Natividad, solo alguna referencia en radio Bio Bio o en algún medio digital independiente se ha hecho referencia a sus actividades.  
Con ello, creo que está claro que al chileno le importa el acontecer de la sociedad chilena y sus intereses. La causa mapuche para la gran mayoría es tema secundario y sin real importancia. Cuando se habla de los estudiantes y sus legítimas movilizaciones hasta el léxico periodístico es diferente. A los jóvenes que se han extralimitado en su accionar de protestas se les tilda de "violentistas", "infiltrados", "encapuchados". A un mapuche, aunque por leve sospecha se vea involucrado en algún ilícito, inmediatamente adquiere el calificativo de "terrorista" o "indígena subversivo" y no existen otros apelativos.
Solo quiero que a partir de estos breves párrafos, saque cada uno sus propias conclusiones en cual de estas dos valientes jóvenes debe enfrentarse con más dificultades para mantener en estos tiempos a todo un país movilizado en pos de sus justas demandas.
 No solo basta una Cara, ambas la tienen, sino también un Sello, que también ambas poseen.
Cara y Sello, pero no de La Moneda.

Gonzalo Manquepillán O.
El Naveghable

1 comentario:

  1. Toda la fuerza para Natividad y Camila, sobretodo para Natividad, debe saber que existen personas como yo que admiran muchísimo a los pueblos originarios de este país y considero legitimas todas sus demandas. Por favor que no pierdan su origen, aunque algunos los quieran hacer desaparecer. A pelear por sus derechos.

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